Domingo, 14 de Febrero de 2010 09:53 Última actualización el Martes, 16 de Febrero de 2010 23:46
Normalmente pensamos en las enfermedades como el resultado de una infección o disfunciones de órganos o daños en el ADN, pero la realidad es que estas no son las únicas causas, pues también hay las afecciones que tienen como raíz los flujos energéticos. Un flujo anormal de energía puede causar alteraciones tanto psíquicas como físicas; por eso para comprender un poco más como funciona energéticamente nuestro cuerpo, y tener herramientas para detectar a tiempo los problemas, es necesario introducirnos en el tema del aura y como esta funciona.
El aura es el campo magnético que rodea al alma y a los cuatro cuerpos inferiores o en evolución, en la cual están grabados las impresiones, pensamientos, sentimientos, palabras y acciones del individuo. También se le llama "campo L" el cual, según algunos estudiosos de la materia, controla la manifestación del cuerpo físico. En otras palabras es una envoltura biomagnética o campo biomagnético sutil que rodea al cuerpo físico, que provee una zona protectora que se extiende alrededor del cuerpo por unos 50cm. Para quienes son capaces de verla y entenderla, de ella obtienen información sobre el estado físico, emocional, mental y espiritual de la persona; ya que en el aura se imprime quien en realidad eres, y no quien deseas que los demás crean que eres. En las enseñanzas orientales es considerada como el campo resplandeciente de energía sutil que rodea a todos los seres vivos.
El aura es un órgano formado por diferentes energías y funciona de manera similar a los diapasones, o sea por resonancia, es decir, al momento de sentir un impulso o estímulo de cierta cualidad vibratoria, el aura responde con otro estímulo u otro impulso de la misma frecuencia. Entonces el aura continuamente está respondiendo a los impulsos que le llegan del exterior, lo que da forma a un flujo energético de acción respuesta, es de resaltar que dicha respuesta está limitada por la capacidad que dicha aura tiene para dar, es decir, a un mismo estímulo que es recibido por diferentes personas, la respuesta por parte del aura no necesariamente es la misma ya que depende de la evolución espiritual, mental y emocional de la persona. Terapeutas y especialistas en la materia consideran esta acción respuesta como la verdadera respiración astral: el intercambio de energía. Sin embargo, en los estados depresivos del ser, en los estados crónicos de mal humor y en otros estados alterados de la personalidad, el ser humano contrae su aura y en lugar de fluir la energía por los canales provistos para ello hacia el exterior, la energía es atrapada dentro de sí mismo, impidiendo el flujo energético que constituye la respiración astral, o sea, se ve impedida la acción natural de responder a un estimulo.
Cuando la respiración energética funciona de manera adecuada, el cuerpo astral por medio del aura logra mantener un flujo continuo de energía y poder; acción que es indispensable al cuerpo astral para subsistir en este plano de manifestación, que es el mundo material. Caso contrario, cuando esta respiración astral no funciona adecuadamente, se produce una disminución en la intensidad energética, en otras palabras se oscurece el aura. El oscurecimiento áurico constituye una asfixia energética para el aura.
Para quienes pueden ver el aura, notan que es un flujo multicolor de energía, que mediante sus diferentes colores, tonalidades y radiaciones luminosas también es capaz de dar forma a imágenes y símbolos, que surgen y se transforman a medida que la persona piensa, siente o se entrega a la oración. Todo este proceso maravilloso depende de la naturaleza de sus pensamientos y emociones, por lo cual los pensamientos y sentimientos nobles generan colores translúcidos, claros y limpios, que vibran bajo haces de luz refulgente; caso contrario, las formaciones mentales negativas se manifiestan oscuras, deformadas y sucias, en un aspecto aceitoso, cuyos colores son deprimentes y desagradables. Conforme con la naturaleza cromática del astral, el odio y la maldad, por ejemplo, se manifiestan en colores negros, marrones y espesos, mientras que el amor y la bondad expresan su cualidad en tonos rosados, liláceos, hermosos e inmaculados. Los pensamientos emitidos por el fanatismo religioso, hechizo o devoción egoísta, se proyectan en un color azul oscuro desagradable; los sentimientos religiosos elevados, altruistas y de devoción pura, se imprimen en un esplendoroso azul celeste, balsámico y sedativo para el alma.
El oscurecimiento áurico es causado principalmente por estados crónicos de mal humor, depresión, autojuicio, desamor, odio, por mencionar algunos. Muchos especialistas estiman que de las enfermedades de origen energético, el oscurecimiento áurico es la más común y grave de todas.
Una persona que padece oscurecimiento áurico a nivel psicológico, presenta estados de introversión patológica que inclusive lo llevan a perder todo contacto con su familia y el resto de la sociedad. Esta pérdida de contacto se debe a que se ha convertido en un ser invisible a los flujos energéticos que promueven e intensifican las relaciones humanas. Como se ha convertido en un ser opaco, todo en su vida cotidiana se ve afectado, y si el estado de oscurecimiento que ya presenta persiste su pérdida de contacto se vuelve neurosis, luego se vuelve esquizofrenia, se vuelve toda una serie de enfermedades tanto psíquicas como físicas. Un sin fin de enfermedades que afectan al cuerpo físico y un gran porcentaje de enfermedades psíquicas tienen su raíz en este oscurecimiento áurico.
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